BIOGRAFÍA

Amalarico Román Martínez nace en Barcelona el 18 de marzo de 1918. Es el único hijo de Amalarico y Catalina, instalados en el barrio del Paralelo, en pleno corazón de la ciudad. Este entorno lleno de vida nocturna ligada al teatro y a los espectáculos de variedades marcará la infancia del futuro fotógrafo.

En 1936 empieza a trabajar como aprendiz en una galería fotográfica dirigida por Ricardo Carrera, situada en la calle Conde del Asalto (Nou de la Rambla actualmente). En 1937, ya en plena Guerra Civil, se alista en el ejército republicano en infantería de marina para ser enviado posteriormente al frente del Segre, donde es herido en la cadera y trasladado al monasterio de Montserrat, habilitado como hospital. En la cruenta Batalla del Ebro, Román socorre a un capitán malherido llevándolo a cuestas cruzando el río y salvándole finalmente la vida. Poco después, este mismo capitán intercederá a su favor consiguiendo su absolución en un incidente en el que Román se vio involucrado.

En 1939 presta sus servicios como fotógrafo en la 2á Sección de Información del Estado de la Región Aérea y es destinado al Aeródromo del Prat de Llobregat. Una vez acabada la guerra retorna su aprendizaje en los estudios de los fotógrafos Coyne, Guirau y Galán, donde permanecerá hasta 1942.

En 1943, a la edad de 25 años, decidirá independizarse profesionalmente e iniciará un camino en solitario en el mundo de la fotografía ligada al espectáculo. En esa época empezaban a llegar los ecos de la glamurosa industria del cine americano, no tanto a través de las películas sino a través de las fotografías de actores y actrices. Román toma estos retratos como referente artístico. Transforma una vieja academia de baile en taller fotográfico. Utiliza la iluminación empleada en los estudios de cine asesorado por el jefe de los estudios Orphea.

En su nuevo estudio situado en la calle Conde del Asalto, actualmente llamada Nou de la Rambla, desarrollará su trabajo junto al cercano brillo de escuelas de canto y baile, galerías fotográficas, locales de espectáculo variopintos, que habían abierto sus puertas en un barrio lleno de vida artística y nocturna.

Para Román, la fotografía se convertirá en un instrumento de aproximación a la belleza femenina. Son años en que el mundo artístico y sobre todo el de variedades está en pleno auge, por lo que muchos aspirantes a artista llegan a Barcelona desde provincias con la intención de trabajar en alguna sala o teatro, necesitando unas fotografías como carta de presentación.

Muy pronto los retratos de Román empiezan a tener fama y se dice que deja a las artistas como a "estrellas de cine". Así fué como comenzaron a entrar en el "escenario" de su galería personajes tan conocidos como Lola Flores, La Bella Dorita, Raquel Meller, Manolo Caracol, Antonio Amaya, Mario Cabré, Gloria Lasso, Marifé de Triana, Antoñita Moreno, Luis Mariano, Antonio Machín, Ana Mariscal, Nati Mistral, Carmen Sevilla, Jaques Brel, Mtro. Lecuona y un larguísimo etcétera.

Mientras que otros fotógrafos sólo recibían a sus clientes en el estudio, Román salía al encuentro de los artistas casi todas las noches, por lo que se hizo muy conocido en los ambientes nocturnos. Román fue un "artista amigo de los artistas".

Su inquietud le llevó también a explorar otros campos más alejados del mundo del espectáculo. Fue entusiasta del boxeo, solía asistir a combates en lugares como el Gran Price y llegó a fotografiar a profesionales como Ben Alí, Merayo o Fred Galiana y a maestros del mundo de los toros, haciendo retratos de grandes toreros como Chamaco, Pedro Arruza, El Gallo, Perucho, Dominguin, Hermanos Peralta, El Cordobés, Palomo Linares, Jaime Ostos...

En 1948, tras unos primeros años de contacto y éxito como fotógrafo de artistas, Román recibe el encargo de retratar a Carmen Broto, amiga del empresario del Teatro Tívoli de Barcelona. Le abre las puertas de su estudio pero durante la sesión fotográfica Carmen se encuentra tan indispuesta que acuerdan quedar otro día en casa de ella.

Román vivía en gran medida para momentos como éste: conocer un nuevo rostro, extraer de él la mejor expresión, envolverlo en la atmósfera más favorecedora. Estos encuentros son decisivos en la trayectoria del fotógrafo. Desgraciadamente Carmen Broto fue asesinada en 1949, el caso tuvo muchísima resonancia por los presuntos suicidios de dos de los implicados yJesús Navarro, el asesino, que había sido empleado de Román, éste se vió envuelto en un proceso en el que se demostró que no tuvo nada que ver.

En los 60, ya casado y con 6 hijos, se traslada a vivir al Ensanche barcelonés, a la calle Valencia, dejando así sus barrios de la infancia y primera juventud, próximos al bullicio nocturno del Paralelo. Sin embargo su estudio, ahora en Las Ramblas, seguirá ligado al corazón de la ciudad y los escaparates del local, llenos de retratos de artistas, llamarán la atención de transeúntes, de gente curiosa que se detendrá para mirar y hacerse fotografiar para emular a aquellos artistas.

EL FOTÓGRAFO DE LOS ARTISTAS

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