La historia de este fotógrafo transcurre en El Paralelo y Las Ramblas de Barcelona entre 1943 y 1970

PRESENTACIÓN

Román, siendo adolescente, descubre la fotografía. Para él la cámara fue como una puerta que se le abrió y por la que pudo acercarse fácilmente a las personas.

El rostro de la mujer le empezó a fascinar ya desde temprana edad y se convirtió en un tema principal que siempre le acompañó a lo largo de su vida.

En Ios años cuarenta, década en la que Román inicia su actividad en solitario, el concepto de fotografía estaba cambiando, influido por la gran industria cinematográfica hollywoodiense.

Al contemplar su obra se descubren unas características comunes tales como una cuidadosa elección de la luz y el encuadre buscando favorecer los rostros, embelleciendo los rasgos, destacando la volumetría, suavizando la fisonomía. También se observa la utilización del primer plano y de la luz tamizada desprovista de dramatismo consiguiendo un resultado cercano e idealizado.

Ya en aquella época, como si de un cirujano de la luz se tratara retocaba artesanalmente el resultado de cada fotografía: borraba imperfecciones, alargaba pestañas, agrandaba los ojos blanqueando las pupilas, estrechaba caderas, piernas, etc.

Todas las fotos eran sometidas a un trabajo minucioso, de orfebre, primero en el cliché que solía ser de vidrio, y a continuación en la propia fotografía en papel. El legado de Román es un testimonio fotográfico de la época de la posguerra en la que los artistas del espectáculo, del teatro, del cine y del deporte aportaron la distracción y la ilusión que la sociedad necesitaba.