BIOGRAFÍA

Hijo único de Amalaríco Román Soriano y Catalina Martínez Marco, oriundos de Yecla (Murcia), la familia del futuro fotógrafo se instala a principios de siglo XX en Barcelona en pleno barrio del Paralelo que entonces era “el corazón de la ciudad”. Amalaríco Román Martínez nace en la ciudad de Barcelona el 18 de marzo de 1918. Fue en ese entorno, de palpitante vida diurna y nocturna ligada al teatro y a los espectáculos de variedades, en donde transcurre la infancia del fotógrafo.
En 1936, cuando el joven ya tenía dieciocho años, su padre lo quiso alejar de los ambientes callejeros del barrio del Raval, que entonces era un lugar conflictivo, y consiguió que entrara como aprendiz en la galería fotográfica dirigida por Ricardo Carrera, situada en la transitada calle Conde del Asalto (actualmente, Nou de la Rambla). Un año más tarde, y ya en plena Guerra Civil Española, Román es alistado en el ejército republicano siendo destinado a la 151 Brigada de Infantería. Enviado a combatir en Guardamar del Segura, en Alicante, y posteriormente al frente de Teruel, es herido y trasladado al Hospital Militar de Vallcarca en Barcelona. Una vez recuperado, es dirigido al frente del Segre, en donde es nuevamente herido, aunque esta vez de mayor gravedad al ser en la cadera derecha. Primero recibió atención médica en el Hospital Militar de Manresa y después fue trasladado al monasterio de Montserrat, entonces habilitado como hospital. En la cruenta Batalla del Ebro, Román socorre a un capitán malherido llevándolo a cuestas cruzando el río y salvándole finalmente la vida. Más tarde, ese mismo capitán intercederá a su favor consiguiendo su absolución en un juicio militar abierto contra Román por un acto de rebeldía por negarse a ejecutar la orden de un superior.

En 1939 presta sus servicios como fotógrafo en la 2ª Sección de Información del Estado de la Región Aérea y es destinado al Aeródromo del Prat de Llobregat. Ese mismo año, tras finalizar la Guerra Civil, Román retoma su aprendizaje en los estudios de los fotógrafos Coyne, Guirau y Galán hasta 1942, hecho que agradeció posteriormente atribuyendo su formación a lo aprendido con los que entonces fueron los mejores fotógrafos del momento. 

Con 24 años contrae matrimonio con Antonia Guillot Ruiz, de familia originaria de Motril (Granada), y un año después nace el primero de sus seis hijos, todos varones. Román decide independizarse profesionalmente cuando tiene 25 años e inicia su carrera orientándose hacia la fotografía relacionada con el mundo del espectáculo. Es la época en la que empiezan a llegar los ecos de la naciente y glamurosa industria del cine norteamericano a través de las fotografías de los grandes actores y actrices de Hollywood. Román queda fascinado por la elegancia y la calidad de esos retratos y decide desentrañar la técnica utilizada para su elaboración y que terminará por convertirse en su principal referente artístico. Su propuesta estética empieza a tener éxito y pronto es solicitado por un público principalmente femenino, lo que de alguna manera dio pie a una serie de infidelidades que fueron en aumento y que irremediablemente afectaron a su vida familiar.


Durante una época Román estuvo trabajando como foto fija en algunas películas del director de cine Ignacio F. Iquino estableciéndose una amistad que se prolongó en el tiempo. Poco después, Román transforma una vieja academia de baile en su primer estudio fotográfico y, asesorado por el jefe de los estudios cinematográficos Orphea, empieza a utilizar en sus sesiones los focos Fresnel, la misma iluminación empleada en los platós de cine de Hollywood.

Román siempre perseguía “esculpir” con la fotografía su ideal de belleza femenina.

En esos años, el mundo artístico y sobre todo el de variedades estaba en pleno auge y muchos aspirantes a artista llegaban a Barcelona desde provincias con la intención de trabajar en el teatro o en el espectáculo, y siempre necesitaban, como carta de presentación, una fotografía lo más atractiva y profesional posible.

Muy pronto corre la voz de que Román consigue que todos sus clientes siempre parezcan “grandes estrellas del cine”, y sus retratos empiezan a adquirir fama. Comienza a ser solicitado por celebridades que también quieren aparecer en el escenario de su galería y así es cómo llega a fotografiar a personajes populares del momento como La Bella Dorita, Lola Flores, Antonio Machín, Jacques Brel, Raquel Meller, Manolo Caracol, Antonio Amaya, Vicente Escudero, Dolores del Rio, Paco Rabal, Asunción Balaguer, Johson, Carmen Cervera, Lex Barker, Dalí, Mario Cabré, Gloria Lasso, Carmen Amaya, Escamillo, Marifé de Triana, América Imperio, La Chunga, Antoñita Moreno, Luis Mariano, Gila, Concha Velasco, Estrellita de Palma, Ana Mariscal, Lia Delby, Mary Santpere, Ricardo Ardevol, Lilí Murati, Luis Aguilé, Eva Rik, Lilian de Celis, Conrado San Martin, Carmen Morell y Pepe Blanco, Nati Mistral, Mercedes Vecino, Carmen Sevilla, Antonio Molina, Lola Ramos, Grácia Montes, Mtro. Lecuona, Queta Claver, Casen, Paco Martinez Soria, Alejandro Ulloa, Mari Carmen Hurtado, Gardenia Pulido, Mercedes Mozart, José Guardiola, Antoñita Rúsel, Hemanas Serrano, Rina Celi,Raúl del Castillo, Merche Mar, Carmen de Lírio, Dúo Dinámico y un larguísimo etcétera.

Mientras que otros fotógrafos sólo recibían a sus clientes en el estudio, Román también salía al encuentro de los artistas casi todas las noches, por lo que se hizo muy conocido en los ambientes nocturnos en los que era conocido como: “el artista amigo de los artistas”.

Fue entusiasta del boxeo y solía asistir a combates en lugares como el Gran Price, y llegó a fotografiar a profesionales de primer nivel como Ben Alí, Fred Galiana, Biescas, Hidalgo, Miralles, J. L. Martinez, Cárdenas, José Bisbal, Boby Ros ,Merayo. También capturó con su cámara a grandes maestros del mundo de los toros como El Cordobés, Dominguín, Chamaco, Pedro Arruza, El Gallo, Perucho, Hermanos Peralta, Palomo Linares, Jaime Ostos, etc.

 

En 1948, Román recibe el encargo del empresario Julio Muñoz Ramonet para que fotografiase a su protegida Carmen Broto.
Román, y su entonces ayudante, Jesús Navarro, acudieron al domicilio de ella en la calle Padre Claret con Paseo Sant Joan. Nada más abrirse la puerta, Román advirtió, por las miradas que se cruzaron entre Carmen y su ayudante, que acababa de nacer una fuerte atracción entre ellos. Al poco tiempo se convertirían en amantes. De esa sesión fotográfica se conserva tan sólo una foto que quizás sea la última que se le hizo en vida. Carmen Broto fue asesinada por Jesús Navarro en 1949 y el caso tuvo muchísima resonancia también por los presuntos suicidios de dos de los implicados. Román fue llamado a declarar por su amistad con ambos pero finalmente se demostró que no tuvo ninguna relación con el asesinato.

En los años 60, y sin abandonar su oficio principal como fotógrafo, Román también decide ser cantante a pesar de tener una voz de escasa tesitura aunque armoniosa. Llegó a componer canciones melódicas y con su grupo “Armando Román y su conjunto“ obtuvo algún que otro éxito de la época llegando a actuar en varias radios, en el Salón Novedades, etc. Pero ocurrió que algunos de los cantantes famosos que eran asiduos clientes de su estudio de fotografía vieron la incursión de Román en el mundo de la música como una intromisión que consideraron inaceptable. La situación llegó hasta el punto de que uno de ellos, movido por una aparente sinceridad, logró que Román se apartase definitivamente de los escenarios tras exponerle su imposibilidad de prosperar como cantante profesional ya que carecía de la voz apropiada, formación musical, etc.

En los inicios de los 50, Román se traslada a vivir al Ensanche, en la calle Valencia con Aribau, dejando así sus barrios de la infancia y primera juventud. Su nuevo estudio, ahora en el número 30 de Las Ramblas, exhibe en los escaparates algunos retratos de los grandes artistas que fotografió, exposición que llama la atención de los transeúntes que se detienen por curiosidad y también para hacerse una fotografía y quedar como un artista de aquella época.

En los años 70 a Román se le acentúa su situación precaria y se ve obligado a abandonar “Las Ramblas” y, ayudado por el marido de Maty Mont, se instala en Sabadell donde abre su último estudio. Ya no recibe a artistas. También ellos, como Román, irán dejando la escena poco a poco.

La obra de Román captura una época gloriosa e irrepetible del mundo artístico y del espectáculo y nos la presenta en su máximo esplendor gracias a la mirada singular de su autor.